Soy de nuevo ese verso que está equivocado, en un poema roto por el tiempo del que nadie recuerda haber oído hablar, dónde mi voz es un grito ahogado por el miedo, mi corazón una caja de música gastada y mi mente una ciudad perdida entre estrofa y estrofa.
Mi reflejo está distorsionado, como si nunca me hubiera pertenecido,
ya no veo nada en esos ojos cansados de todo, ni en ese rostro triste y malherido, en él veo mi alma perdida por el dolor y la rabia.
Y me doy cuenta, que no hay nada salvable de este poema roto al que me gusta llamar vida.
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