Levanto la vista una vez más para aplaudir su coraje y su fuerza, por haber vivido durante casi cuatro años un infierno constante, dos hechos que hicieron que su vida cayera como un castillo de naipes, y ella a pesar de ello todavía tiene valor para levantarse cada mañana e intentar reconstruirse poco a poco.
Ya han pasado tres años desde que la dieran los resultados que nadie quiere tener, tres años de tratamientos y de hospitales y todavía me acuerdo de aquellos ojos en los que se reflejaban la esperanza y la ilusión de superar aquello, ella hizo que todo fuera fácil aunque por dentro solo fuese un mar de lágrimas, aunque tuviera miedo.
Cuando paso el tiempo parecía que el sol volvía a salir y esta vez para quedarse pero hace casi un año volvió a irse para dejarla en la más completa oscuridad, arrastrándome a mí. Ese día estará marcado siempre en nuestro corazón como el día en el que ella y yo nos convertimos en una y prometimos no dejarnos jamás. Después vino una nueva vida impuesta, un nuevo día al que no sabíamos cómo enfrentarnos y al que al final nos acostumbramos. Estos meses atrás han sido como si el mundo hubiera cogido velocidad y nosotras nos hubiéramos visto envueltas en el caos, pero después de la tormenta parece que el sol quiere volver a salir y espero que esta vez se quede mas tiempo.
Para que al fin ella (mi madre) y yo encontremos el modo de seguir adelante.